Cuando el humor ya no es joda


El humor en condiciones de intemperie.

Mucho hemos hablado ya de los efectos aleatorios de la intemperie. Fundamentalmente en lo que atañe a las instituciones que, con el paso del tiempo, convenimos en llamar “disciplinarias”, desde la familia al welfare state.

Ahora bien, qué podemos decir, ora, del humor. Institución extraña e inmemorial si las hay. En verdad, ¿podríamos decir algo sobre el humor? Algo más, digo. Pues, convengamos que después de Freud, Bergson y Liniers, es más que complicado. Con ellos, el humor ya tiene padres, aún en tiempos de incertidumbre. Nombres de padre, para ser más precisos, y para no refiliarnos con las instituciones de las que hemos huído, y con las que no tenemos ya sino una relación de hostil hospitalidad.

Humor ha habido y, supongo, habrá. Ha habido tantos humores como políticas: segregacionistas o discriminativos, populistas o de sentido común más que común, y criticistas o disconformistas.

Como decía, desde siempre sospeché que había tres modos de hacer humor que de alguna u otra manera se correlacionaban con tres modos de hacer política: el segregacionista, el populista y criticista.

Por el primero, los rasgos que no forman parte del estándar normal instituido eran arrojados a la hoguera del escenario humorístico: “mirá ese puto como se mueve, parece que tiene el chazi ladiado”, “tiene la napia como un oso hormiguero”, “enano de circo”, son alguno de los tantos enunciados que signan a éste modo de hacer humor.
Por el segundo, todo el common sense está contraído en un enunciado. Es el uso de la vida cotidiana, de lo más relevante de lo que acontece en la vida cotidiana. Es el uso y abuso del acontecer de la cotidianidad, pues, todo suceso preponderante es puesto al servicio de la producción y reproducción humorística. Generación cotidiana y capitalización chistosa, producción multiforme y contracción específica: “estamos hablando de los humoristas cazadores que van a la zaga de lo circunstancialmente impactante”. Así, la política coyuntural, el espectáculo más rankiado de los mass media, o la inmoralidad del personaje nacional son su fuente directa e indirecta de (re)producción.
Por el tercero, el humor se halla por negación. Es un modo que se erige sólo por contradicción, hace reír porque de no hacerlo uno lloraría. Por una parte, es el insulto que sólo se diferencia de sí mismo al estar enmarcado en una escena humorística; te pueden estar diciendo, “sos un hijo de puta, hacéte ver, gorriáo”, y vos reís casi sin otra opción. Veamos, si no, un ejemplo: “A los argentinos les dicen camellos…están cagados de hambre y de sed, pero igual siguen al turco”. Y por otra, es la crítica, sea económica, política, societal o la resultante de la recombinación e hibridización de estas tres dimensiones, que encuentra en éste escenario la forma de socializarse, de trascender públicamente; por ejemplo, “¿Cómo le dicen a Duhalde y Palito?…Pareja de truco, porque uno canta y el otro miente”.

Ahora bien, si bien reconozco, no sin desazón, la “loable” permanencia de los tres modos, debo también reconocer que no son ellos quienes más me singularizan, ni son ellos, lisa y llanamente, quienes generan en mi ese brote súbito y vital que antropológicamente denominamos risa.

Por ello, no puedo pensar el humor sin lo ominoso, del mismo modo que no puedo pensar el sentido sin el sinsentido. Hay algo de lo humorístico que no es necesario forzar, hay algo de lo irrisorio que brota sin el mínimo esfuerzo, pues, sólo es por un encontronazo, por un tropiezo que, en el instante más inesperado…¡¡shock!!, aparece y traba un lazo con su aparición. Ya está, ya sucedió, después del primer tropiezo seguido de shock, de hallazgo, el otro quedará sumido al non sense con el cual logró tramar.

Ese es el humor que no es joda y ese es el humor que intento explorar. Sabiendo que la risa no está asegurada, pues, ¿qué estaría asegurado en condiciones de intemperie?, pero no por ello resignándome a perderla. Búsqueda y desafío, son los dos elementos-entre mágicos y simbólicos- con los que cuento para explorar a ese humor que, definitivamente, no es joda.

~ por erighett en Abril 21, 2008.

Una respuesta to “Cuando el humor ya no es joda”

  1. Hola, llegué por casualidad al sitio porque estaba buscando algo sobre las instituciones y el humor, me resultó muy interesante el escrito, iluminó algunas ideas que no había pensado.
    Gabriela

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